Diario del Ártico: día 9

El arte ha estado relacionado con la representación de la naturaleza desde los inicios de la humanidad. Por un motivo u otro, el hombre ha intentado representar el mundo que lo rodea, y así capturarlo, poseerlo. Sin embargo, toda representación implica algún tipo de comprensión. Implica transformar lo visible a través de códigos y patrones visuales que permitan esquematizarla información compleja que llega a nuestros ojos, o convertir las tres dimensiones del espacio en sólo dos, por ejemplo.

Por eso, Ernst Gombrich argumenta en Arte e Ilusión que no es posible representar correctamente aquello que no se entiende, de acuerdo a cierta cultura visual. Resultaría imposible dibujar correctamente un motor cuyo funcionamiento se desconoce o copiar bien un bloque de viviendas, sin contar antes los pisos que tiene. Por eso también, en el Renacimiento, los artistas que querían reproducir correctamente la forma del cuerpo humano, se empeñaron también en aprender anatomía (una materia que aún se imparte en muchas academias de Bellas Artes). Resultan muy interesantes en ese sentido los estudios realizados por autores como Davinci, por ejemplo.

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Diario del Ártico: día 8

El sábado mencionábamos que el Ártico es especialmente vulnerable a sufrir cambios abruptos debido a que su principal característica, a saber, el hielo, depende directamente de las bajas temperaturas. De hecho, 6 de los 14 tipping points del cambio global que se suelen destacar, se encuentran precisamente en esta pequeña región del mundo.

Ya en la actualidad, se puede observar que la superficie helada del casquete polar disminuye de año en año. En verano del año 2007, en concreto, se midió un descenso especialmente acentuado, tan repentino que muchos científicos lo identificaron como el temido punto de no retorno (si bien existe controversia en este sentido, respecto, ya que en los años sucesivos, el nivel de hielo se recuperó moderadamente). Aquel inesperado fenómeno superó las previsiones de deshielo que había elaborado el IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) según las cuales, el Ártico podría quedar libre de hielo en verano a finales de este siglo. Los nuevos datos, en cambio, apuntan a que ese momento podría llegar dentro de apenas 20 o 30 años y las observaciones que se están realizando durante esta campaña de Arctic Tipping Points tampoco parecen muy esperanzadoras: el récord del verano de 2007 podría ser nuevamente superado en 2011, a juzgar por el nivel de hielo que estamos encontrando ya a finales de mayo.

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Diario del Ártico: día 7

Durante esta campaña viajan en el Jan Mayen 5 jóvenes científicos, estudiantes de máster y de doctorado en el IMEDEA, el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados situado en la isla de Mallorca. Todos ellos completan actualmente su formación en el departamento de cambio global dirigido por Carlos Duarte. Son probablemente los más currantes del barco, a juzgar por las horas que se pasan en los laboratorios (unas 12 horas cada día y, a veces, incluso más), siempre ambientado por la música y el buen ambiente que se respira en general.

Su objetivo a bordo de la campaña de Arctic Tipping Points es estudiar las posibles consecuencias que podría tener un aumento de la materia orgánica disuelta y de la temperatura en las aguas del Ártico, así como su estado actual. Para ello realizan distintos tipos de experimentos y análisis en torno a dos temas. Íñigo Gª Zarandona intenta averiguar qué tipo de carbono orgánico disuelto (DOC) se puede encontrar en estas aguas. Los trabajos de Clara Gallego Urzáiz, Inés Mazarrasa Elosegui, Lara Silvia Gª Corral y Johnna Holding versan sobre metabolismo y calcificación en plancton marino.

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Diario del Ártico: día 6

Imaginemos un columpio de balancín, uno grande y pesado, de esos que sólo se mueven cuando se lo disputan dos niños bien gordos (o fuertotes, que dirían sus abuelas). Sabemos que este columpio tiene dos puntos de equilibrio: uno con cada uno de los asientos respectivamente arriba o abajo. Por eso, si empujamos muy suavemente ese columpio, lo normal es que éste regrese a su posición original: en ningún caso se quedará con los dos asientos flotando en el aire. Podemos, eso sí, seguir ejerciendo fuerza hasta que finalmente, el balancín ceda y se mueva de golpe hasta la posición opuesta a la que habíamos partido. El columpio habría pasado de un punto de equilibrio a otro, atravesando un momento de cambio relativamente abrupto que tiene lugar al aplicar una determinada fuerza: al superar el punto de inflexión.

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Diario del Ártico: día 5

Una frontera es una línea imaginaria que suele servir para separar realidades más difusas.  Cualquiera que haya viajado a otro país por carretera, sabe que el paisaje no cambia repentinamente nada más llegar a la dichosa raya. Al contrario de lo que dicen los mapas, el suelo no tiene distinto color en Francia o en Portugal.

En el caso de los océanos el “difuminado” de esta raya es especialmente pronunciado porque, como dicen por ahí “no se le pueden poner diques al mar”. Eso explica que, estando en plano Océano Ártico, los científicos de ATP se esfuercen tanto en esquivar el agua atlántica (inútil para realizar ciertos experimentos) y que nos hayamos tenido que acercar hasta el mismísimo casquete polar para muestrearla sin problemas. No todos los que habitan en Madrid son madrileños, ni todo el agua que hay a 79 º N es ártica. Pero entonces, ¿cómo se puede conocer la procedencia del agua? ¿Pidiéndole el pasaporte?

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