De vuelta de Amazings Bilbao 2011

Ya hemos vuelto de Bilbao y debo decir que ¡ha sido una experiencia inmejorable! Tanto por las charlas y la organización del evento como por la masiva afluencia de público. Finalmente, la audiencia rebosó el auditorio del Bizkaia Aretoa, con un aforo para más de 450 personas. Pero, como siempre en estos casos, lo mejor vino después, cañita en mano, con la ola de desvirtualizaciones. En estas jornadas hemos tenido ocasión de conocer a una lista increíble de Amazers que me resultaría difícil enumerar. Y casi mejor ni lo intento, porque seguro que me dejaría alguno que después lamentaría no haber incluido.

Quizás nada resuma tan bien estas jornadas y este año de colaboración con Amazings como el vídeo que Kurioso, tras días de intenso trabajo en Bilbao, tuvo la generosidad de regalarnos. Aquí os lo dejo, para que lo disfrutéis:

Ver vídeo

¡Quedan cinco días para Amazings Bilbao 2011!

Seguro que la mayoría ya lo habéis oído, pero también aquí lo recordamos… por si aún queda algún despistado debajo de una piedra, o por si alguien gasta memoria de pez y a estas alturas decide hacer planes alternativos para el próximo fin de semana. Que ni se le ocurra. Este viernes hay que colapsar Renfe, Alsa, Ryanair y todos los hoteles de Bilbao: se celebra el evento Amazings Bilbao 2011.

Poco habrá que no hayáis leído ya sobre este evento. Entre los días 23 y 24 podréis asistir a las charlas de 30 de los mejores divulgadores científicos del momento. Cada una durará 10 minutos (estrictos, según recuerdan a los ponentes una y otra vez, razonablemente temerosos, los organizadores) por lo que promete ser un evento ágil, ameno y diferente. Gracias a la Cátedra de Cultura Científica, contamos además con las incomparables instalaciones del Nuevo Paraninfo de la Universidad del País Vasco, un edificio casi tan bonito como el Guggenheim y situado justo al lado.

Pero, insisto, probablemente todo esto ya lo sabíais, así que yo he venido aquí a hablar de mi libro. O más bien del «nuestro», ya que tanto Iñaki como tenemos una pequeña participación durante estas jornadas. Iñaki empaca su puntero láser para dar una ponencia a cuatro manos y dos bocas junto al doctor Julián Palacios, sobre los efectos primarios, secundarios y terciarios de las ondas electromagnéticas sobre la salud: Los móviles matan… cuando llega la factura.

Yo, por mi parte, llevo ya una semana acampada en Luminosos Arga para asistir al proceso de producción de las fotografías que colgaré en la sala Axular del Paraninfo. Los colores del Ártico se inaugura, como las jornadas, el día 23 de septiembre, pero podrá visitarse durante una semana entera, hasta el día 29.

Os recordamos también que aún estáis a tiempo de adquirir el primer número de la nueva revista de Amazings, donde diez colaboradores escriben largo y tendido sobre los diez temas de la ciencia que siempre quisiste conocer. La compra puede realizarse mediante Paypal o tarjeta de cŕedito en la platafórma Lánzanos, donde ya se ha alcanzado el mínimo necesario para que salga adelante este número. La donación mínima es de 9 €, lo que incluye un ejemplar de la revista más gastos de envío.

La burocracia es magia

Iñaki se ríe de mí por culpa de mis fobias. Dice que tengo un miedo irracional a las arañas y a los burócratas. Pero no estoy del todo de acuerdo. Mientras mi temor por esas bestias del diablo con ocho patas (que, como mucho, pueden asesinarte y atraparte en un sudario de seda) podría considerarse un poco exagerado, pienso que mi miedo al personal de administración en general está perfectamente justificado: esos seres sí que pueden joderte la vida o, de entrada, amargártela mucho.

Y es que en su mundo, cualquier cosa es posible: un día te dejan sin carrera por culpa de una fecha incorrecta o pierdes una beca de 4500 € a falta de una firma en el recuadro 3 (que dices tú: ¡coño! ¡qué pedazo de autógrafo!). En este extraño contexto, sencillamente, los efectos jamás siguen de forma lógica a las causas. Es decir: la burocracia es magia. De la negra, añadiría.

Y todo esto os lo cuento porque estoy hasta las coletas de que unos seres rodeados de tampones y montañas caóticas de folios, retengan mi título de licenciada, impidiéndome así poder ir a hablar con otros seres tamponiles a gestionar nuevos trámites absurdos (a lo tonto, quizás me estén haciendo un favor). El 21 de junio hice mi última entrega: virtualmente «terminé» la carrera. Pues bien, desde entonces llevo pegándome por turnos con los distintos responsables de: 1) subir mis notas al expediente de Granada (sólo tardaron una semana, tiempo récord); 2) firmarlas (otros 10 días: creo que tuvieron que esculpir la firma en mármol o algo así); 3) mandar esos numeritos a Madrid; 4) subir esos mismos numeritos al expediente de Madrid. ¿Sencillo no? Pues ya ha pasado un mes y sin resultados.

Y es que hace dos semanas cometí el grave error de desentenderme de todo este proceso, dando por hecho que los dos últimos pasos eran triviales. Era cuestión de esperar a que mis notas firmadas llegasen a Madrid. El martes, alarmada por la lentitud de Correos (tardan como un millón de veces más que Gmail), decidí llamar por teléfono a las secretarías de Madrid y Granada para ver en qué había quedado la cosa: «Hola Madrid, ¿tienen mis notas?» (no), «Granada, ¿han mandado mis notas?» (sí), «Madrid ¿pueden haber perdido mis notas? ¿han mirado bien debajo de la cama?» (no y sí respectivamente), «Granada, ¿adónde han enviado las notas?». Tras 20 llamadas consecutivas y cuando ya empezaba a sentirme como aquella niña fea del colegio que siempre hacía de Celestina pasando las notitas de los demás en clase, conseguí enterarme: al parecer es probable que el dichoso documento siga perdido en algún buzón de Correos porque el responsable de secretaría de la facultad de Granada no apuntó bien la dirección de Madrid. De risa. Sin embargo, en un último momento de debilidad, cometí otro grave error: cansada de «pasar notitas», decidí facilitar a los responsables de estas gestiones sus respectivos teléfonos. Y sí, lo considero un grave error, ya que ahora no tengo control sobre la información que intercambian. Ciertamente, les creo capaces de perder el número, de comerse el cable del teléfono o de confundirse y gestionarlo todo con el de la pizzería por error. Hasta tal punto ha llegado mi paranoia.

Y sin embargo, no tengo nada en contra del personal de secretaría. Jamás se me ocurriría levantarles la voz (como no se me ocurriría levantarle la voz a Saruman, por otra parte). Son sólo humanos que gestionan mil millones de papeleos de mil millones de alumnos burocratofóbicos como yo al día. Es lógico que tarden y que cometan errores. Pero digo yo… coño, a estas alguras del siglo XXI ¿no hay una forma mejor de hacer las cosas? En serio, no hace falta una inteligencia creativa para pasar unas notas a un expediente, poner un garabato y mandarlas a otra ciudad. Debería ser algo trivial y automático. Por favor: ¡ingenieros, científicos!, ¡futuros estudiantes del PFC!, ¡gente capaz e inteligente en pos de un mundo mejor! ¿Para cuándo un personal robótico para la administración de este tipo de gilipolleces? Ya estáis tardando demasiado.

Ladran, luego cabalgamos

Hace unas semanas, publicábamos por aquí un artículo titulado Su vidente le aconseja acudir al homeópata. En él se recogía la bochornosa actuación del autoproclamado vidente Sandro Rey en la que se atreve a dar peligrosos consejos sobre salud a una oyente de su programa en La Sexta.

En el día de ayer, recibimos un mensaje a través del formulario de contacto del blog de una persona que decía ser el abogado de este señor (solo daba su nombre de pila). Nos amenazaba con una denuncia por supuesta difamación y exigía la retirada de dicho contenido (por cierto, el mismo fragmento por el que se clama fue objeto de mofa y befa en su día en El Intermedio, programa del Gran Wyoming de la misma cadena donde aparece Sandro; ¿por qué no amenaza también a La Sexta?). Yo, por supuesto, respondí a la dirección de contacto preguntando por su nombre completo y número de colegiado: estaría feo que alguien profiriese tales amenazas haciéndose pasar por abogado (por no hablar de que el intrusismo es un delito penado incluso con prisión). La respuesta por email ya se identificaba como el mismísimo Sandro Rey, y ponía por excusa que el abogado se encontraba de viaje. Curioso, ya que la IP del supuesto abogado se localiza en… efectivamente, Barcelona: el mismo lugar donde al parecer vive Sandro. ¿Estaría de viaje… al otro lado de la ciudad?

El artículo va a seguir en su sitio. Como le hice llegar al implicado por email, sobre él simplemente se exponen unos hechos muy concretos y en ningún momento se le difama. Creo que él solito se descalifica a sí mismo al jugar con la salud de las personas. Sí que se afirma, en cambio, que la videncia y la homeopatía son timos reconocidos y estafas; quizás no en el sentido jurídico, pero está claro que sí lo son con el diccionario en la mano:

estafar.

1. tr. Pedir o sacar dinero o cosas de valor con artificios y engaños, y con ánimo de no pagar.

Personalmente, creo que sigue siendo una gran lacra el hecho de que se siga dando coba y se sigan cediendo espacios en medios de comunicación de todo tipo como la televisión, los diarios, etc., a este tipo de personajes. No obstante, mucho más grave es que encima se vean con patente de corso para acallar cualquier voz que se anime a criticarlos por acciones a todas luces poco éticas.

Ayer les contábamos todo esto a nuestros amigos de Amazings.es y ellos han decidido mostrar su apoyo hoy reproduciendo nuestra entrada allí, así como en otros muchos blogs personales. También ha habido gran movimiento en Twitter y en Facebook. Por todo ello, queríamos dar las gracias por las muestras de apoyo recibidas. Cada «Me gusta», cada «retweet» y cada reproducción del artículo aparecido aquí ayudan un poquito a que el sano ejercicio del pensamiento crítico llegue cada vez a más gente.

A continuación, una recopilación de los blogs que han reproducido nuestra entrada (si detectáis que falta alguno, por favor, notificadlo en los comentarios):

Por cierto, ante casos como este, uno no puede dejar de preguntarse… si es un vidente, ¿por qué no se puso en contacto con nosotros antes de que publicásemos dicho artículo? Y una vez publicado, ¿para qué nos amenaza si debería haber sabido que no íbamos a retirarlo? Oh, wait!…

Diario del Ártico: día 10

La luz del Sol de Medianoche tiene otro color. Es una luz sin escondites, sin noche ni oposición. Es una luz que afila aquello en lo que se posa, elimina las sombras y congela los perfiles nítidos de los objetos. Por eso, todo lo que sucede en el Ártico parece más definido: desde el azul del hielo a la quietud del agua, incluso la densa oscuridad de las nubes parece más dicha, más clara, más innegable en estas latitudes.

Por eso, probablemente, me resulte tan difícil procesar las fotografías de este viaje. Por eso también, me despido del Ártico con nuevas ideas claras e intensas, aunque puede que contradictorias entre sí, como puntas de flecha afiladas en direcciones opuestas.

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