De pequeña mi padre solía contarme un chiste muy malo. Es humor de familia, degenerativo, así que no intentéis que os haga gracia. El chiste trataba sobre un pastor gallego con un rebaño ovejas, unas blancas, otras negras. Ante él se presenta un viajero y comienza a hacerle preguntas:
—¿Dan mucha lana sus ovejas?
—Déjeme pensar, ¿las blancas o las negras?
—Las blancas.
—Las blancas sí, dan mucha lana.
—¿Y las negras?
—¿Las negras? Las negras también.
—¿Y dan mucha leche?
—¿Cuáles? ¿Las blancas o las negras?
—Las blancas.
—Las blancas dan bastante leche, sí.
—¿Y las negras?
—Las negras también.
No pretendo contaros el chiste entero, creo que os lo podéis imaginar. Después de otras 500 preguntas, justo cuando el oyente ha terminado de irritarse, llega al final. El viajero pregunta:
—Perdone, señor, si las ovejas blancas y las negras hacen todo igual, ¿por qué me pregunta siempre por las blancas o las negras?
—Es que las ovejas blancas son mías.
—¿Y las negras?
—Las negras también.
Espero que no hayáis sufrido mucho. Os cuento este chiste porque me recuerda mucho a la actitud del «feminismo de género» ante el lenguaje, una actitud que no sólo me parece absurda e ineficaz, sino más bien, y según sus propios principios, contraproducente.
Una de las ideas de este «feminismo» —con comillas siempre, porque el verdadero feminismo es otra cosa— y del postmodernismo en general, consiste en afirmar que los «signos» que utilizamos para designar un acontecimiento, determina y modifica el acontecer mismo. Por ello pone tanto interés en modificar el lenguaje que empleamos habitualmente. Si el lenguaje es machista, el machismo se perpetúa. Si el lenguaje es igualitario, la igualdad se consolida.
La validez de esta tesis es más que discutible, pero aún asumiendo que fuese cierta, no termino de entender por qué esa necesidad de marcar sexualmente al colectivo femenino cada vez que abrimos la boca. Si se supone que las mujeres y los hombres, son iguales, ¿por qué esa insistencia en nombrarlos por separado? ¿Por qué «todos y todas»? ¿Por qué la gilipollez de la @?
Si tuviese que valorar si este uso del lenguaje perpetúa o combate el machismo, me parecería que más bien lo perpetúa. ¿Os imagináis que lo aplicásemos igual a otro colectivo discriminado?
—Todos y todas debemos combatir el cambio climático.
—Todos y los negros debemos combatir el cambio climático.
—Muchos abogados y abogadas han trabajado en este proyecto.
—Muchos abogados y abogados homosexuales han trabajado en este proyecto.
Cuando leo frases como estas, interpreto que el hecho de ser mujer, negro u homosexual afecta de algún modo al trabajo de estas personas, interpreto que el autor del texto ha estimado conveniente separarlos por algún motivo, leo una diferencia y no una igualdad.

Dividir el mundo y el lenguaje que lo designa en mujeres y hombres, es tan arbitrario como dividirlo en negros y blancos, judíos y no judíos. El feminismo sigue existiendo y sigue teniendo sentido porque aún se dan casos de discriminación. Pero el objetivo seguirá siendo que todos cobremos lo mismo y tengamos las mismas oportunidades, no que ellas cobren menos y menas, y ellos cobren más y mós.