Me ha gustado esta campaña publicitaria para la Escuela Superior Digits. La campaña parte del tema Figure this. Imagine that y pretende reflejar la apertura de espíritu que promueven las ciencias. Esta es una de las imágenes, pero hay bastantes más (link sobre la imagen).
En cualquier debate sobre pseudociencias y magufadas varias, la probabilidad de que un interlocutor escéptico acabe oyendo aquello de que «debe abrir su mente» tiende a 1. Sin embargo, es aquel dispuesto a creer sin pruebas, el que deja su imaginación relegada al terreno yermo de lo inútil.
La imaginación del científico, en cambio, es fértil en tanto que parte de la realidad y pretende actuar sobre ella. Su mente está verdaderamente abierta y activa, nunca dando nada por sentado, hasta el punto de poder cambiar por completo su concepción del mundo, si una teoría mejor demuestra que la primera ha quedado obsoleta.
No me gusta mucho darle coba a este… engendro de la naturaleza. Pero hoy, repasando el Reader, me he dado cuenta de que tiene un don para la ironía y el sarcasmo que merece ser laureado. Incluso sus seguidores lo comparten, hasta el punto de haber propuesto a Silvio como candidato al Nobel de la Paz recientemente.
He hecho una recopilación de las mejores frases de Il Cavaliere (incluida la del título). Aunque cueste creerlo, todas son verídicas, os invito a pinchar sobre los links.
Mussolini nunca ha matado a nadie. Envíaba a la gente de vacaciones a las fronteras.
Volvemos a los clásicos para hablar del maestro de maestros: Ludwig van Beethoven. Todavía no habíamos hablado del alemán, uno de los más grandes compositores de todos los tiempos. Su música parte de un Clasicismo maduro y evoluciona poco a poco hacia lo que sería más tarde el Romanticismo. No me extenderé en los detalles sobre su vida, ya que es un personaje muy popular sobre el que mucho se ha escrito. Quien más, quien menos, sea por libros o por películas, ya conocerá su difícil infancia, su carácter irascible, la sordera que padeció que no le impidió seguir componiendo obras maravillosas, y las dolencias que sufría, que acabaron con su vida a los 57 años (investigaciones recientes indican que fue por intoxicación por plomo).
Podría elegir decenas de obras para mostraros (por ello, seguro que esta no será la única ocasión que os ofrezcamos su música):
[…] nueve sinfonías, una ópera, dos misas, tres cantatas, treinta y dos sonatas para piano, cinco conciertos para piano, un concierto para violín, un triple concierto para violín, violonchelo, piano y orquesta, dieciséis cuartetos de cuerda, una gran fuga para cuarteto de cuerdas, diez sonatas para violín y piano, cinco sonatas para violonchelo y piano e innumerables oberturas, obras de cámara, series de variaciones, arreglos de canciones populares y bagatelas para piano.
Sin embargo, la obra escogida hoy, sin ser de las más famosas, contiene un movimiento sublime que consta entre mis piezas favoritas. Y aunque recomiendo escuchar la sinfonía entera, aquí os dejaré sólo el segundo movimiento, el Allegretto de la Sinfonía No.7 en La mayor Op.92. En este movimiento se reflejan las características fundamentales de la música de Beethoven: nunca compuso grandes melodías, ni falta que le hizo; su creatividad se hallaba en los pequeños motivos, y el trabajo se desarrollaba en la armonía, el contrapunto, y en la repetición y variación de los motivos. En este Allegretto la melodía es una mera espectadora de lo que ocurre a su alrededor, es armonía, es una línea que juega al contrapunto con las demás voces. Se encuentra en todo momento —salvo en el clímax— en una posición intermedia: siempre hay instrumentos más graves e instrumentos más agudos sonando a la vez haciendo lo verdaderamente importante. Porque la melodía queda en anécdota cuando uno se da cuenta de la fuerza de la base, esos acordes lentos, bajo un patrón rítmico implacable, con esa armonía que te lleva en volandas.
Me he acordado estos días de este movimiento tras ver la película Knowing, de Nicolas Cage. Muy mala, por qué no decirlo, pero con una secuencia de imágenes acompañadas de esta obra de Beethoven que impresionan bastante; pareciera que la música está hecha expresamente para ellas. De hecho, ya hablamos del Allegretto por aquí con motivo del centenario de Karajan, pero quería recuperarlo para poner una versión más cercana a mi gusto. La versión de Karajan es demasiado rápida: se preocupa más de la melodía que del resto, y eso es un error. Esto hace que el ritmo se diluya y que la armonía pierda su carácter y su fuerza. A menudo se utiliza la expresión de que la música «camine», y tiene un sentido siempre de que no hay que precipitarse, pero tampoco hay que pararse. Y en este movimiento los acordes deben caminar sin precipitarse, llevando a la melodía hacia el clímax a un ritmo calmado pero inexorable.
La versión que más me gusta es la interpretación que la London Symphony Orchestra hace en un álbum donde se recogen las sinfonías completas de Beethoven. Los que tengáis Spotify podéis buscarlo mediante la cadena «beethoven complete symphony london». Como en Youtube no está, he encontrado una interpretación próxima a cargo del director Charles Latshaw. Fijaos como mueve los brazos de atrás hacia adelante formando un círculo indicando precisamente eso: que la música camine.
Retiro lo dicho. Dejo los comentarios tal y como estaban, para vuestra comodidad. Tras recibir otra oleada de spam esta madrugada, me he dado cuenta de un detalle importante: en ningún momento he recibido comentarios de spam, no; el truco sigue funcionando a las mil maravillas. Lo que estaba recibiendo era spam en forma de trackbacks, una lacra que tienen los blogs sobre la que mucho se ha escrito. Es una gran funcionalidad, pero a su vez, un gran coladero de spam, y los que se dedican a esto se han dado cuenta: no tienen que preocuparse de sistemas CAPTCHA, ni de tretas como la que tengo puesta yo, ni de validaciones mediante JavaScript… nada. Mandan el trackback limpiamente y se publica sin mayores problemas.
Claro que esto tiene una solución sencillísima —y no comprendo cómo no lo implementa WordPress por defecto YA— en forma de plugin. El plugin en cuestión se encarga de algo tan rápido y fácil como comprobar que la IP del que manda el trackback es la misma que la web a la que hace referencia. Esto, evidentemente, no se cumple en el caso del spam, porque son bots los encargados de enviarlo.
Existe otra opción más drástica, claro está, que consiste en deshabilitar los trackbacks. A gusto del consumidor, como todo; si falta sal, se añade. Y si no es amigo de andar deshabilitando funcionalidades, ponga un Simple Trackback Validation Plugin en su vida.
Era cuestión de tiempo que los spammers se aprendieran el truco. Además, el uso de plataformas como WordPress juega a favor de ellos, ya que supone una estandarización de los nombres de los campos de los formularios —es necesario e inevitable—, lo que facilita saltarse este tipo de tretas.
Por ello, ante la avalancha de spam que está teniendo esta página estos días que supera el filtro anterior, he decidido añadir una capita más de protección. Cierto es que Akismet funciona a las mil maravillas y captura todo el spam sin ningún problema. Pero por todos los usuarios de WordPress es bien sabido que en raras ocasiones falla y marca algún comentario válido como spam. Y a causa de esto, suele ser una buena práctica echar un vistazo a la basura capturada antes de eliminarla definitivamente. Si hay poca basura, no hay problema, pero no podemos estar rebuscando entre cientos de mensajes de spam para ver si hay alguno válido todos los días. Por esta razón, es útil tener un filtro anterior a Akismet.
Ya que los CAPTCHA son un poco odiosos, he escogido poner un campo en el que tendréis que escribir (con números, no con letras, ojo) el resultado de una suma. Espero que no sea mucha molestia. Es por el bien del blog… y por la salud de mis ojos.