Un programa para dominarlos a todos

The Lord Of The (Token)Ring
(the fellowship of the packet)»One Ring to link them all, One Ring to ping them,
one Ring to bring them all and in the darkness sniff them.»

(Visto en las páginas del manual del programa Ettercap)

AVISO: Esta anotación está llena de tecnicismos. Probablemente no hayan entendido nada y no les haya hecho ni puta gracia: no se preocupen, es normal. Quizás, la primera palabra que les ha pasado por la cabeza es «friki»: con razón.

Japón lanza un satélite para Internet de «super-alta» velocidad

El cohete que transporta el satélite KIZUNA (WINDS), un proyecto conjunto de la Agencia Japonesa de Exploración Aerospacial (JAXA) y la empresa Mitsubishi, ha despegado de la plataforma a las 8.55 GMT del complejo de lanzamiento Yoshinobu en el Centro Espacial Tanegashima.

Según cuentan en la página de la agencia japonesa, KIZUNA es un satélite de comunicaciones que provee comunicaciones de datos de «super-alta» velocidad. Esta velocidad puede ascender a 1.2 Gbps, que es 60 veces una conexión de 20 Mbps de aquí.

¡Ojo! 1.2 Gigabits por segundo, no 1.2 Gigabytes por segundo, como pone en EL PAÍS. Claro que la culpa no es suya, ya que he buscado la noticia en otros medios como la CNN y también meten la pata igual. He visto algún lugar donde incluso hacían hincapié en la metedura de gamba y remarcaban: «1.2 Gigabytes, not 1.2 Gigabits». Pues no, oiga. Las conexiones de datos se miden en bps (bits per second, ya sean Gigabits, Megabits, etc…). La velocidad que va a proporcionar este satélite (en esa zona de Asia sólo, claro, no os hagáis ilusiones) es una pasada, como podéis imaginar. Ya hablábamos hace algún tiempo de las conexiones tan estupendas que tienen en Suecia con 100 Mbps: pues esto es 12 veces más. Estos medios podrían darse cuenta de la burrada que están diciendo: 1 byte = 8 bits, luego están indicando una velocidad 8 veces superior… ¡ojalá! EL PAÍS va más allá, como suele pasar en la prensa española. No sólo la cagan con la velocidad, sino que seguidamente hacen la comparación (correcta) que he hecho yo de que aquí tenemos 20 Megas y 1 Giga son 1000 Megas. Muy bien. Así demuestran que, además de no tener ni pajolera idea de lo que están hablando, ni se molestan en informarse.

Lo que no cuentan en los medios es que, instalando una antena de 45 cm de diámetro, se podrá tener una conexión de 155 Mbps de bajada y 6 Mbps de subida (¡una conexión de la hostia!). Para disfrutar de los 1.2 Gbps es necesaria una antena de 5 metros de diámetro. Y este servicio, naturalmente, estará dedicado principalmente a empresas y organizaciones.

¿Os pensáis que pongo estas noticias para «poneos los dientes largos»? Pues sí, acertáis. Y ya que estamos, os cuento también que Telefónica en el Reino Unido, donde es una operadora alternativa, ofrece 8 Megas por 10 euros. Aquí, ofrece 10 Megas por 45 euros. No somos nadie…

Los caminos que llevan a la Moncloa

Hoy se inicia el camino de la esperanza hacia el cambio político.

(Mariano Rajoy, comienzo de la campaña electoral)

¿A qué Esperanza se refiere? ¡Uuuy! Pobrecito Gallardón

Duelo Solbes-Pizarro. Vencedor: EL MUNDO

No vi el debate de anoche, ni falta que hace. Nos lo sabemos de memoria. Dicen que ha empezado la campaña hoy, pero parece que llevara siglos empezada…

Por curiosidad, más tarde me dispuse a buscar comentarios sobre el enfrentamiento, por puro morbo: a ver quién ha «ganado». Busco en los principales periódicos; en EL MUNDO lo tienen claro: Los lectores de elmundo.es dan la victoria a Pizarro. Ummmh… los que todavía siguen «líneas de investigación alternativas» sobre el 11-M… mejor sigo leyendo. Entonces me encuentro con lo siguiente (en la misma noticia de EL MUNDO):

Sin embargo, según los datos de un sondeo encargado por Antena 3, donde tuvo lugar el encuentro, a la empresa TNS Demoscopia, el 47,7% de los espectadores dijo que el vencedor fue Pedro Solbes, frente al 41,8% que valoró mejor a Manuel Pizarro.

¡Vaya victoria más ajustada! – pienso. Acto seguido, leo el siguiente párrafo:

Mientras, para un 15,5% de los televidentes, no ganó ni uno ni otro, igualados en la contienda.

Mmmmh… Lo leo otra vez y saco la calculadora. Vamos a ver, si mis matemáticas no me fallan, 47,7% + 41,8% + 15,5% = 105% (!!!) ¡Qué campeones! Sí, señor. Y se quedan tan anchos.

Mejor voy a leer otros periódicos y sigo otras líneas de investigación

Actualización (23/02/2008): En EL MUNDO ya han hecho los deberes. Tras consultar a insignes matemáticos han modificado las cifras: 47,7% + 37,1% + 15,5% = 100% ¡Ahora sí!

Que trabajen, coño

Me tomo la libertad de transcribir un comentario de Almudena en La SGAE contraataca, porque merece una anotación aparte y no quedar relegado a ser un comentario perdido en un artículo. Dice así:

Pues yo voy a plantear mi postura, radical como yo sola, pero es lo que hay. Primero expongo y después opino.

Cuando compras un CD original, te venden dos artículos distintos:

  1. El “contenido”, esto es, la propiedad intelectual, la música que hay dentro, por la que se supone que pagas de antemano el canon (en realidad es lo que descargas de Internet).
  2. El “objeto”. El CD, con su libreto, sus fotos del artista… Aquello que puedes tocar y atesorar y que a Iñaki le hace ilusión poseer (como a mí, toda la discografía de Extremoduro y de Joao-Pires tocando los Valses de Chopin).

Bien. Lo radical: lo primero debería ser gratuito, o bien compensarse, financiarse mediante los auténticos “mecenas” de este siglo: los promotores y la publicidad. A Bach le mantenían los curas; a Goya, Carlos IV, porque en aquella época eran ellos (el clero, los monarcas) quienes movían el dinero y “patrocinaban” la “creación artística”. En el Renacimiento italiano, las familias nobles italianas; en el s.XIX, los burgueses… Pues ahora, existen dos nuevas formas de financiar el arte:

  1. Las empresas (que se publicitan).
  2. El “pueblo”. Pero el pueblo, financia como consumidor y, en ese sentido, compra el “objeto”. Como dice Iñaki, el CD tiene su encanto y hay mil maneras para convertirlo en algo “vendible”: añadir comentarios del autor, fotografías, documentación, vídeos…

Por otra parte hay algo que me cabrea sobremanera. Todos los currantes de España se pasan 8 horas al día, como poco, en su trabajo para ganarse duramente la vida. Y estos señores (que, no hace falta recordar, no viven precisamente debajo de un puente), se quejan porque un trabajo que han realizado exclusivamente durante el tiempo que se han pasado en el estudio de grabación (o, si quieres añadirlo también, el minuto y poco que han tardado en componer cada canción) no les reporta beneficios durante el resto de su vida. Y a esto añado que los derechos de autor se cobran de por vida, e incluso se “heredan” de unas generaciones a otras.

Yo propongo: que el artista trabaje, como todos. Que genere un bien a la sociedad cada día y que entretenga. Que toque en conciertos, que dé giras. Que monte espectáculos y divulgue su trabajo. Y que sonría: que Internet lo único que consigue es que se vuelva más popular, que más personas tengan acceso a lo que hace. Si su trabajo es bueno, la gente comprará sus discos (el objeto, el producto, que, por supuesto, debería ser infinitamente más barato. De hecho, puntualizo, la venta del producto sirve para mantener a la compañía discográfica sobre todo, para que se puedan seguir grabando trabajos nuevos), e irá a sus conciertos. Estos conciertos, las giras, los espectáculos, y la popularidad que tuviese cada artista, dándole la oportunidad de participar en anuncios, revistas etc. tendrían que ser suficientes para que viviese suficientemente bien.

Y ahora suavizo. Lo que digo no es tan radical. Soy pianista clásica. Viviré de dar clases, tocar en algún concierto, ganarme la vida. Igual que viven y se buscan las castañas miles de músicos de jazz, cantautores poco conocidos (estoy pensando ahora en César Rodríguez por ejemplo, un tipo brillante que cada semana toca en algún local de Madrid y deja descargarse gratis sus canciones de Internet…) que se lo curran todos los días, sus ocho horas, como todos. Y no se mueren de hambre. Pero no quieren ser super-estrellas. Tenemos asumido, y muy mal asumido, que nuestros artistas tienen que llevar una vida cómoda, nadando en la abundancia, como una nueva oligarquía, de gente “brillante”, “intelectual”, “simbólica”… ¡¡Son mitos!! Y quieren vivir como tales. Pues yo me niego. Que trabajen, coño. Y si quieren un sueldo fijo, que hubieran estudiado… (mierda, no se me ocurre ninguna carrera con salida segura…) ¡Que se hubieran metido a especular en el mercado inmobiliario!