El maestro Kaplin aprende por las malas que «por favor, toquen esa parte más fuerte» es una frase que nunca debe dirigirse a la sección de trombones. True story.
(No he encontrado el lugar original de publicación, pero parece ser una viñeta de este cómic de Lennie Peterson)
Hace poco ha salido a la luz la contrucción de un «viola-órgano» basado en los apuntes de Leonardo da Vinci hace 500 años. Pero la idea del genial inventor no venía de tan lejos: se inspiró en un instrumento procedente del norte de España que ya figuraba entre los relieves de la catedral de Santiago.
La pasada semana estuvimos en el Castillo de Chambord y supimos que una de las galerías de los pisos superiores, junto a la escalera central, se utilizó en su día como teatro. Allí, en la década de los 60 del siglo XVII, Jean-Baptiste Lully y Molière representaban sus famosas tragedias musicales. En la audioguía que íbamos escuchando durante la visita, un señor muy serio, pero muy didáctico, relataba textualmente lo siguiente:
[En 1669, durante la representación de El señor de Pourceaugnac, Lully] se vuelca en un papel de médico-bufón. Llevado por el entusiasmo, salta a la orquesta y revienta un clavecín. Es todo un éxito.
Beethoven no abre caminos. Beethoven, como cualquier genio, los cierra. Lo que él hace está cerrado en sí mismo, está inaugurado y cerrado por él. Y lo que hacen los demás es lo que pueden sobre eso.
Steven Spielberg decidió contar con John Williams para componer la banda sonora de su película La lista de Schindler. Según cierta anécdota, relatada por el propio compositor, la primera vez que Spielberg le enseñó la película, se sintió tan turbado que tuvo que salir a dar una vuelta y recomponerse. A la vuelta, John Williams le confesó a Spielberg:
—En honor a la verdad: creo que necesitas un compositor mejor que yo para esta película.