—¡Arghhhhh! ¡No puedo soportarlo más! ¡Por qué está sonriendo de ese modo! ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué!?
Jean-Philippe había trabajo como vigilante en el Louvre durante muchos años.
Profesor, vidente, brujo Satán espiritual, experiencia y seriedad, poder en todos los ámbitos para solucionar problemas, especialmente de amor, recuperar pareja, quitar mal de ojos, impotencia sexual. Garantizado 100%. Resultados tres días.
¿Os suena? A los que estuvisteis en las Jornadas de Blogs&Ciencia, es probable que sí. No sé si es exactamente el mismo anuncio que nos leyó Héctor en su conferencia, pero, si no lo es, se le parece mucho (esa peculiar «garantía» es inolvidable)… el caso es que lo acabo de reencontrar en un artículo de ELPAÍS, donde se cuenta que, tras semejante publicidad, se escondía toda una secta cuyos líderes acaban de ser detenidos. Al parecer conseguían doblegar y anular a aquellos que requerían sus «servicios», llegando a cobrarles 3000 € por cada sesión de brujería, adueñándose de sus posesiones y obligándolos a realizar tareas de limpieza (a ellas) o de albañilería (a ellos).
Me ha sorprendido encontrar ese anuncio, del que tanto nos reímos, en un contexto tan diferente. ¿Las creencias en lo paranormal no le hacen daño a nadie? Los cojones.
En cualquier situación, es norma dudar de cualquier teoría que necesite de un enemigo para ser cierta.
(Rinzewind, en un artículo muy recomendable)
Uno de los sueños del arte ha sido siempre vencer a la muerte, o al menos, jugar la partida durante más tiempo que el artista, o el dueño de la obra. El miedo a desaparecer está especialmente presente en el arte funerario de todas las épocas, (y, por extensión, en el arte religioso), pero también en los retratos pictóricos de quienes podían permitírselos.
No es de extrañar, por tanto, que, nada más aparecer, la fotografía adoptase las funciones «conmemorativas» que antes cumplía la pintura: después de todo, dejaba un registro más fiel del retratado y, en general, era más asequible que los honorarios de un buen pintor.
Lo que no sabía yo es que en la era victoriana, les diese tan fuerte con esto de «recordar a los difuntos» como para hacer fotografías de cadáveres. Es lo que se conoce como fotografía post-mortem, memento mori o memorial portraiture. Algunos de estos difuntos aparecían retratados directamente en sus ataúdes, o tumbados, como si estuviesen dormidos. Pero en otros casos, se intentaba simular que seguían vivos, dando lugar a imágenes tan… inquietantes como estas.
Se nota que son cadáveres por la peana oculta que les sirve de apoyo, las manos rígidas, la mirada perdida o, en ocasiones, las pupilas dibujadas sobre los párpados en la fotografía (cuando no aparecen directamente cerrados). ¿Os imagináis, posar en la foto con el cadáver de tu hermano mayor? ¡Sonríe, nena!
Por cierto, parece que este tipo de fotografía se vende muy bien en eBay, así que si os queda algún recuerdo de vuestros muertos, o de algún antepasado que parezca estarlo, sabed que podéis ganar bastante dinero.
(Vía: haha.nu)
He gastado 200 millones en jueces… perdón, en abogados.
(Silvio Berlusconi, primer Ministro de Italia… impagable. No dejéis de visitar la noticia original, no tiene desperdicio. Entre otras lindezas, Berlusconi afirma ser «el hombre político más perseguido por la magistratura de toda la historia, de todas las épocas del mundo», sin contar con los de Gürtel, se entiende)