Desarrollo, por definición, insostenible

Leo una noticia en Público sobre ecologismo, con un inicio tan catastrofista que el giro optimista y pretendidamente constructivo del final, casi suena irónico. La pregunta que me queda es cuánto tardará en estallar todo esto. La situación está mal y no deja de empeorar y es que… vamos a decirlo ya bien claro: somos demasiados. Entonces recuerdo las palabras de Hesse en «El lobo estepario»:

– Es cómico -dije- que divierta tanto el pegar tiros. Y eso que yo era antes enemigo de la guerra.

Gustavo sonreía.- Sí, es que hay demasiadas personas en el mundo. Antes no se notaba tanto. Pero ahora que cada uno no sólo quiere respirar el aire que le corresponde, sino hasta tener un coche, ahora es cuando lo notamos precisamente. Claro que lo que hacemos no es razonable, es una niñada, como también la guerra era una niñada monstruosa. Andando el tiempo, la humanidad tendrá que aprender alguna vez a contener su multiplicación por medios de razón. Por el momento, reaccionamos contra el insufrible estado de cosas de una manera bastante poco razonable, pero en el fondo hacemos lo justo: reducimos el número.

– Sí -dije-; lo que hacemos es acaso una locura y, sin embargo, es probablemente bueno y necesario. No está bien que la humanidad esfuerce excesivamente la inteligencia y trate, con la ayuda de la razón, de poner orden en las cosas, que aún están lejos de ser accesibles a la razón misma. De aquí que surjan esos ideales como el del americano o el del bolchevique, que los dos son extraordinariamente razonables y que, sin embargo, violentan y despojan a la vida de un modo tan terrible, porque la simplifican de una forma tan pueril. La imagen del hombre, en otro tiempo un alto ideal, está a punto de convertirse en un cliché. Nosotros los locos acaso la ennoblecemos otra vez.

Los peces no saben contar

Revisando mi abandonado Google Reader con sus tropecientos titulares no leídos desde que no tengo acceso a Internet en el conservatorio, me llama la atención uno publicado en Público: «Los peces saben ‘contar’ hasta cuatro”.

Tamaña sorpresa, claro, al descubrir que otra especie animal ha sido capaz de desarrollar inteligencia, más aún sabiendo que se trata de un pez. Nada de monos o de delfines, especies pretendidamente inteligentes. No, un pez. Así que pincho sobre el titular para leer la noticia entera, sin entender muy bien por qué un acontecimiento así no me ha saltado ya al cuello desde televisiones, revistas, informativos, etc: Al parecer un estudio de la Universidad de Padua ha descubierto que los peces de la especie Gambusia Holbrooki, interesados en reunirse en grandes agrupaciones para protegerse de los depredadores, saben distinguir entre grupos de 1, 2, 3 y 4 peces de su misma especie. Llegando al 5º se hacen la picha un lío y ya no saben decir si el grupo es mayor que el de 4 peces. El estudio también demuestra que con cantidades mayores, cuando la diferencia de número es significativa (de 8 a 16 peces, ponen como ejemplo), el pez mosquito nuevamente sabe decantarse por el grupo más numeroso.

Si bien la capacidad del bicho es interesante, resulta falso aseverar que sabe «contar»: Sabe distinguir entre mucho y poco, y que sólo pueda hacerlo hasta 4, sólo demuestra que un pez más para un grupo de 3, es una cantidad proporcionalmente significativa, mientras no lo es tanto para un grupo de 4 o más peces. Incluso si demostrásemos que este animal, en efecto, tiene memorizada en su cerebro la imagen de 4 peces, distinta de la de 3 o de 2, pudiendo distinguirlas y optar por la mayor, ello no implica que sepa «contar». Y para explicarme pondré un ejemplo que en su día llamó mi atención durante una clase de Psicopedagogía de la Universidad: para explicarnos el desarrollo de la inteligencia abstracta en los niños, la profesora nos habló del caso de un autista que tenía una memoria fotográfica perfecta. El niño era capaz de dibujar de memoria cualquier edificio, respetando con exactitud el número de ventanas, puertas etc. No obstante, ¡no era capaz de contar!. Esto es, no era capaz de reconocer cada ventana como igual al resto y por tanto, elaborar un «concepto» cuantificable, sumable, repetible. Su cerebro registraba cada ventana por sí misma en su lugar exacto sin elaborar patrones, sin relacionarla o identificarla con el resto. Sin esta identidad, 1, 2, 3, 4, 5 no son posibles ni concebibles, pues se trata de entidades abstractas, basadas en un patrón que se puede repetir indefinidamente obteniendo así el 6, 7, 8… Por ello también, carece de sentido decir que cualquier criatura puede contar sólo hasta 4. Si sabe contar, sabe hacerlo indefinidamente, hasta que se aburra o las ovejitas se lo lleven sobre sus lomos a Morfeo, hasta infinito (pues si bien no podemos nombrar todos los números hasta infinito, podemos «concebirlos»).

También me llama la atención que la noticia no aclara si esta capacidad del pez mosquito es exportable a otros objetos: no sabemos si, por ejemplo puede distinguir 3 estrellas de mar de 4. Lo más probable es que no pueda, supongo, viniendo ello a demostrar que, en efecto, el pez no puede «contar», sino como mucho (y ni siquiera esto queda demostrado con lo que se narra en el artículo sobre dicho estudio), distinguir grupos de 4 peces mosquito.

Los extremos se tocan

Consigna habitualmente coreada por los grupis del PP en sus manifestaciones:
«¡Za, pa, tero, te, rro, rista!»

Consigna coreada el sábado por la izquierda abertzale en Bilbao:
«PSOE, faxista, zu zara terrorista!» («¡PSOE, fascista, tú eres el terrorista!«)

(Vía: Mi Mesa Cojea)

Otros ejemplos:

Cubo de Rubik y sudokus

Aquí tenéis la nueva sensación: el cubo de sudoku, no, el sudoku rubik, el rudoku, el sudobik, el… ¡bueno, qué sé yo! Esto:

rubik-sudoku.jpg

Su precio ronda los 3 euros y promete largos ratos de entretenimiento. ¡Yo quiero uno para mi cumple! (que es HOY; que a mí ni me va ni me viene, pero por comentarlo…)

(Vía: No puedo creer que lo hayan inventado)

Nokia Morph concept

O lo que nos depara el futuro… tal vez.

(Vía: JamSession)