Me voy a Filipinas

– Repelente giga fuerte, a prueba de trópicos.
– Permetrina para la ropa.
– Ropa de algodón clara.
– Mil tarjetas de memoria para la cámara.

No paro de repasar las listas y sus metalistas. No dejo de intentar convencerme de que lo importante ya está controlado. Me voy a tierra de monzones, entre un trópico y el ecuador (- repelente giga fuerte), a la isla de Cebú en Filipinas. Y me voy largo rato: 36 días lejos de casa, para realizar un voluntariado internacional con la ONG Madreselva.

Mi función allí será documentar los distintos proyectos de recontrucción que se están llevando a cabo en la zona. Esto significa que grabaré vídeos, tomaré fotos (- mil tarjetas de memoria), escribiré todo lo que pueda. Pero, sobre todo y como buena esponja, creceré: recopilaré historias, conoceré lugares, aprenderé puntos de vista. Miraré de cerca lo que cada día, desde tan lejos, nos resulta invisible: esa otra versión de la historia que nunca es lo bastante interesante como para perdurar en el telediario.

Estoy un poquillo acojonada (el dengue, la convivencia, el tiempo…), un poquillo nerviosa, con muchas ganas de volar. Como entrenando los párpados para abrirlos al máximo mientras esté allí. Si la situación me lo permite, compartiré de cuando en cuando lo que vean, con algún post. Si no, espero relatarlo con detalle a la vuelta.

– Escribir post 

¡Me voy! :)

#Naukas13, ¡ya no queda nada!

Faltan ya pocos días para el evento de divulgación científica del año. Hablamos, cómo no, de Naukas Bilbao 2013 (se utiliza #Naukas13 como hashtag en Twitter), que se celebrará en el Paraninfo de la UPV/EHU durante los días 27 y 28 de septiembre, y los dos Enchufa2 estaremos allí con sendas charlas, para no perder las buenas costumbres.

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Como novedad y como complemento al evento celebrado en Bilbao, Naukas también participa en el evento Quantum que se celebrará los días 1, 2 y 3 de octubre en el Teatro Victoria Eugenia de Donostia. Podéis encontrar más información y los programas completos en la web de Naukas.

Bitácora: serie documental sobre la Expedición Malaspina

«El pulmón del planeta». A la mayoría de la gente, este título metafórico le hace pensar en el Amazonas. Lo que la mayoría ignora es que dos de cada 3 moléculas de oxígeno presentes en la atmósfera, tienen su origen en los océanos. El dato cobra sentido, cuando se tiene en cuenta que el agua cubre el 70% de toda la superficie de nuestro planeta.

Precisamente por ello, los océanos son fundamentales para comprender el cambio global (no solo climático) que se avecina. ¿Cómo afectará al clima el aumento de CO2 disuelto en el agua?, ¿seguirán siendo los océanos el gran sumidero de CO2 del planeta?, ¿cómo afectará este aumento a los organismos que allí habitan, a las corrientes, a la temperatura, a los intercambios de carbono? y, muy especialmente, ¿qué sucede allí donde ya no hay luz ni parece posible la vida: en el océano profundo?

Persiguiendo la respuesta a todas estas preguntas, hace dos años, partió de Cádiz La Expedición Malaspina. Y coincidiendo con el aniversario de su llegada a Río, la 2 ha empezado a emitir la miniserie documental Bitácoras. El primer capítulo, titulado Océano profundo, está colgado ya en tve a la carta y resume los distintos aspectos de la investigación científica que se está llevando a cabo gracias a la expedición. Los próximos capítulos tratarán, respectivamente: sobre la formación de doctorandos y alumnos de máster a bordo (Cantera); y sobre el Hespérides y el trabajo de la dotación (Circunnavegación). El último capítulo (Expedición Malaspina) será un resumen de los tres anteriores. Se emitirán los próximos viernes, a las 21:00.

El documental está dirigido por José Miguel García y fue grabado a bordo por el equipo de Vivac Documental, a quienes tuve ocasión de conocer durante la primera etapa de la expedición. Ellos permanecieron en el Hespérides los 7 meses que tardó en dar la vuelta al mundo. Pero al desembarcar se acordaron de mí, para invitarme a colaborar en los guiones. Ha sido un trabajo hecho con mucho cariño y mucha nostalgia marinera, ¡espero que lo disfrutéis!

(Post)Concierto fin de carrera

Casi me da miedo darle al play. Estoy nervioso, más que ayer incluso. Pero ya está hecho. Porque ya está hecho. Para la posteridad quedan todas mis virtudes y también mis meteduras de pata, que las hubo. Afortunadamente, fueron razonablemente pocas; y muchas menos, evidentes. Cosas del directo.

A pesar de todo, acabé disfrutando. Con el estómago en la garganta, pero disfrutando. Regodeándome en el puro sufrimiento… es curioso hacer música. Los que solo la escucháis, no os hacéis ni una ligera idea. Es como un juego de oxímoron. Piensas y no piensas; ¡en qué narices estás pensando? Estás tan sumamente concentrado que no tienes ningún control sobre lo que está pasando. Los dedos saben perfectamente qué tienen que hacer, pero no saben adónde ir. Y mientras luchas contra ellos uno a uno, un poco más fuerte para destacar esto; la próxima nota la tengo que bajar para afinar con el piano, pero la siguiente no; qué ganas de toser…; no corras o el cambio de tempo posterior no se va a notar; aquí toca respirar, pero poco para no ahogarme; y después necesito mucho aire o no llegaré; cuidado con esa articulación, que tengo la boca un poco seca; mierda, llega el cambio de página y la he puesto mal… Y millones de cosas más cada segundo.

Tengo que decir que estoy orgulloso del resultado. Solo me queda dar las gracias a mis acompañantes, Pedro y Carlos, y a todos los que vinisteis a compartir este día conmigo, incluso de muy lejos. Y, muy especialmente, a mis amigos Txus, Rubén y Pablo, por ocuparse de todo en el backstage y sobre el escenario, y porque sin sus ánimos y sus bromas entre pieza y pieza me habría resultado muchísimo más difícil dominar los nervios.

Concierto fin de carrera

Trío Op. 114 para clarinete, cello y piano, de Johannes Brahms

Richard Mühlfeld, dedicatario de este Trío para clarinete, fue un músico alemán que entró a formar parte de la prestigiosa Meiningen Court Orchestra como violinista originalmente, pero que tres años después cambió al clarinete. Johannes Brahms (1833-1897), que había decidido dejar la composición tras escribir su Quinteto para cuerdas No. 2 Op. 111 en 1890, quedó impresionado por la calidad sonora y musicalidad de Mühlfeld tras escuchar su interpretación del Concierto No. 1 de Weber, el Quinteto para clarinete de Mozart y algunas obras de Spohr.

Así, Mühlfeld, «el mejor instrumentista de viento que haya conocido» según palabras del propio Brahms, se convirtió en la inspiración del compositor, que volvió a escribir para regalarnos algunas de sus últimas obras maestras: el propio Trío Op. 114 y el Quinteto para clarinete Op. 115 (1891), y las dos Sonatas para clarinete Op. 120 (1894). Aunque Brahms había mostrado cierto favoritismo por el clarinete en sus sinfonías y serenatas antes de conocer a Mühlfeld, no fue hasta entonces cuando se decidió a ampliar el repertorio camerístico del instrumento.

Poco sabemos hoy en día sobre cómo era ese sonido que maravilló a Brahms. Jack Brymer, en su libro Clarinet (Schrimer Books, 1976), recoge las impresiones de un anciano violista, director en ocasiones de la Duke of Devonshire’s Orchestra, entrevistado unos años antes de la Segunda Guerra Mundial. Dicho violista había tocado ocasionalmente en el cuarteto de Joachim, el célebre violinista y amigo personal de Brahms, por lo que había coincidido con Mühlfeld en la interpretación del Quinteto para clarinete de Brahms. El anciano aseguró que había tres cosas que recordaba claramente: «[Mühlfeld] utilizaba dos clarinetes, en La y Si bemol, para el movimiento lento, para simplificar la sección cíngara; tenía una técnica fogosa, con un tono cálido y un gran vibrato». Tras haber cuestionado el entrevistador si había querido decir «rubato», él insistió: «No: vibrato. Bastante más que Joachim y tanto como el cellista» (se sabe que Joachim era famoso por tocar con poco vibrato o sin él).

Por tanto, parece que, en aquella época, una interpretación por parte del clarinete «con tanto vibrato como un cellista» habría sido lo habitual y del agrado del compositor. En cambio, a partir del inicio del siglo XX, ha habido una reacción en contra del vibrato en el clarinete de forma que se ha expulsado totalmente de la técnica habitual del instrumento. Aun así, aunque académicamente rara vez se imparta, hoy en día todavía podemos encontrar clarinetistas que hacen un equilibrado uso del vibrato, como es el caso de Martin Frost o Richard Stoltzman (cuya grabación del Trío de clarinete de Brahms, con vibrato incluido, es destacable).

Brymer incluye en su texto un par de razones por las que el vibrato no ha seguido formando parte de la técnica del clarinete. La primera se refiere a la pureza del sonido: «En primer lugar, más que cualquier otro instrumento, el clarinete puede representar el tipo de belleza fresca, impecable de una estatua de mármol o de una pieza de madera perfectamente pulida. La pureza del sonido fascina de tal manera que hace pensar que la más mínima hendidura en su superficie constituiría una mancha». Y en segundo lugar, «de hecho, se ha estado haciendo [el vibrato] durante mucho tiempo muy mal».

George Townsend, en su artículo The Question of Clarinet Vibrato, apunta lo siguiente: «La flauta, que tiene el sonido más «ligero», requiere mucho vibrato. […] el flautista usa el vibrato como un componente intrínseco del color de su sonido […] El oboe, con un sonido más rico y complejo, requiere menos vibrato, estando este reservado para pasajes cantabile con el objetivo de sonar más expresivo. […] El clarinete, con su sonido oscuro y único, no requiere vibrato, el color expresivo inherente del propio sonido es suficiente para excluir la necesidad de añadir nada».

Con vibrato o sin él, este Trío de Brahms es otra de las piedras angulares del repertorio clarinetístico y una de las pocas obras camerísticas plenamente románticas con las que cuenta este instrumento. Al igual que el Quinteto y las dos Sonatas, se caracteriza no por sus dificultades técnicas, sino por sus enormes dificultades interpretativas.

Así ilustro esta obra maestra del repertorio de música de cámara en las notas al programa de mi concierto fin de carrera. Se celebrará el próximo martes 6 de noviembre a las 12:00 horas en el Auditorio Fernando Remacha del Conservatorio Superior de Música de Navarra, con obras de Danzi, Debussy, Brahms y Muczynski:

  1. Pieza de concierto Op. 45 No. 2, de Franz Danzi.
  2. Première Rapsodie, de Claude Debussy.
  3. Trío Op. 114, de Johannes Brahms.
    1. Allegro
    2. Adagio
    3. Andantino Grazioso
    4. Allegro
  4. Time PiecesOp. 43, de Robert Muczynski.
    1. Allegro Risoluto
    2. Andante Espressivo
    3. Allegro Moderato
    4. Andante Molto – Allegro Energico

Este es un enlace al precioso programa de mano que ha hecho Almudena. Estáis todos invitados.

Concierto fin de carrera