El cine con otro tono

La música tiene la curiosa capacidad de suscitar emociones. A veces, con una precisión sorprendente. Esto es explotado con especial éxito en el cine, donde la mayoría de las escenas no estarían completas ni suficientemente claras sin la banda sonora que las acompaña. La música nos permite anticipar si la intensa conversación de los protagonistas es triste o nostálgica, si el peligro los acecha o si acaso nunca más se volverán a ver.

Pero, ¿qué pasaría si cambiásemos la tonadilla de la misma? Film v Music es una curiosa página web donde se combinan aleatoriamente escenas de películas y música de todo tipo. Los resultados, en muchos casos, son sorprendentes y el juego, bastante adictivo (al menos yo, me he pasado bastante rato pulsando «show me another one»). Es curioso comprobar cómo «Gymnopédie» puede teñir de nostalgia hasta el más sangriento asesinato, o descubrir que cualquier escena, bajo el pegadizo «ta ta ta ta ta ta ta ta Batmaaaan» se vuelve cómica (es el Benny Hill de las bandas sonoras).

Ya que jugaba con el experimento, yo he aprovechado para tomarme mi particular venganza: hace años, pagué unas entradas para ver «De dioses y hombres». Quizás uno de los gastos más estúpidos de toda mi vida y un bodrio por encima de la media europea (uno de esos que  no puedes soportar ni agarrándote a la pasta de las gafas). Las buenas críticas me confundieron y sólo más tarde descubrí que muchas de ellas alababan la escena «clímax» de la película. En «Vicisitud y sordidez» lo explican mejor que yo:

La escena emotiva en cuestión es una en la que los monjes, tras decidir quedarse, se ponen ‘El lago de los cisnes’ mientras están reunidos. Y claro que queda bien. Feck, es que yo pongo una de las mejores piezas musicales de la historia con un montaje de todos los contertulios de Sálvame Deluxe poniendo cara de pena y también queda de puta madre.

Dejando a un lado que, hasta con Tchaikovsky la escena es leeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeenta (absurda, redundate, pretenciosa… y aún así, lo mejor de toda la peli) siempre me he preguntado qué pasaría si se le pusiese una música no menos arbitraria que «El lago de los cisnes». Este es el resultado:

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Un día sin satélites

(Sic) ¿Que ocurriría si los satélites dejasen de funcionar un solo día?, se preguntan en el diario panfleto 20minutos, y se responden seguidamente: vamos a morir todos tres o cuatro veces.

El GPS ya no recibe ninguna señal y te pierdes con el coche, no puedes llamar a nadie porque el móvil no funciona e incluso la electricidad llega con dificultades a tu casa. […]

«Un mundo sin satélites sería una pesadilla. El mundo, la sociedad, la economía, en muchos países del mundo, simplemente se detendrían», explicó esta semana el vicepresidente de la Asociación Europea de Operadores de Satélites (ESOA) y consejero general de Eutelsat, Michel de Rosen, con motivo del primer día europeo dedicado a los satélites.

El mundo, la sociedad, la economía, en muchos países del mundo, simplemente se detendrían. Si los satélites dejasen de funcionar un día, miles de millones de personas perderían el acceso a servicios de radiodifusión o a la información, y dejarían de estar conectadas o incluso quedarían incomunicadas.

Las actividades de socorro se detendrían, muchas fábricas dejarían de funcionar, cientos de millones de conductores usuarios de la tecnología GPS se perderían, no se podrían efectuar muchas operaciones en mercados financieros y la defensa de la mayoría de los países quedaría completamente al descubierto.

[…]

En ese mundo sin satélites, además, las redes telefónicas se colapsarían e Internet se volvería increíblemente lento, hasta el punto de que en dos o tres días dejaría de funcionar.

Vamos a ver… ¿Estamos tontos o qué? Vale que nos quedaríamos sin servicio de televisión y radio por satélite, por lo que solo nos quedaría la TDT, la televisión por cable, por Internet, la radio de toda la vida, etc. Vale que los transportistas deberían comprarse un mapa y que los barcos se quedarían sin una importante herramienta para la navegación. Vale que no se podrían sincronizar los relojes vía satélite y solo tendríamos la opción de hacerlo por Internet. Vale que algunas personas quedarían incomunicadas en remotos lugares del planeta. Pero ¿que la electricidad llega con dificultades?, ¿que el mundo, la sociedad y la economía se detendrían?, ¿que Internet se detendría? Repito: ¿estamos tontos o qué?

Mal el tal Michel de Rosen, vicepresidente de la Asociación Europea de Operadores de Satélites (ESOA) y consejero general de Eutelsat, por intentar llamar la atención con historias apocalípticas; pero, como suele suceder con los titulares sensacionalistas, el periodista de turno se corona comiéndose todas las burradas que le dicen con patatas.

Un compañero (¡gracias Txiki!) me envía la noticia junto con otras cosas que pasarían en un día sin satélites. [MODO SARCASMO ON]

  • La electricidad dejaría de funcionar, los electrones no sabrían seguir el voltaje.
  • La homeopatía dejaría de funcionar, así que miles de personas que la usan arderían por combustión espontánea.
  • Los perros, sin satélites, darían vueltas sobre sí mismos desorientados, los pobres.
  • Las brújulas dejarían de apuntar al norte magnético, miles de niños boy scout no podrían vender galletas para ayudar a niños enfermos.
  • Muy probablemente las presas dejarían de funcionar y se inundarían ciudades enteras.
  • Miles de conductores se empotrarían unos con otros al no tener el GPS que los oriente.
  • Internet explotaría, pues los cables transoceánicos no sabrían por dónde conducir la señal.
  • El cáncer bajaría, al no tener la radiación de los satélites.
  • Los Mac perderían su diseño vanguardista y se volverían cuadrados.
  • Los árboles darían peras en invierno al no saber dónde andan.

Lo que Todd Akin en realidad quiso decir

Todd Akin es candidato republicano al senado por Missouri, EEUU. Después de afirmar que las verdaderas violaciones no causan embarazos para justificar su oposición sin excepciones al aborto, ha decidido explicarse públicamente. En Enchufa2 hemos conseguido su entrevista en exclusiva:

—Señor Akin. Una visita inesperada.
—You’re welcome.
—Me sorprende que haya querido recibirme.
—Después de la que se ha liado, entrevistarme con una mujer, y encima chicana, es lo menos que podía hacer.
—En realidad, soy española.
—What?
—Déjelo estar… en cualquier caso, esperaba que estuviese dispuesto a hacer bastante más.
—¿Cómo qué?
—Como retractarse públicamente de sus… alucinantes declaraciones.
—En realidad, «retractarme» no era lo que tenía en mente.
—¿Pero no ha venido aquí porque había cometido un error?
—Precisamente.
—¿Y entonces?
—Mi error fue «utilizar las palabras incorrectas de la manera incorrecta».
—¿No quiso decir entonces que en los casos de violación rara vez se produce embarazo?
—En los «verdaderos» casos de violación. Eso es lo que no quedó claro. Como «legitimate» es un latinismo, gran parte del electorado no lo entendió.
—Pero, de hecho, hay estudios que sugieren que, en caso de violación, las mujeres se quedan embarazadas con mayor frecuencia que cuando las relaciones sexuales son consentidas.
—Eso es que lo disfrutaron.
—¿Perdone?
—Sí, verá. La explicación es sencilla: las verdaderas violaciones no llegan nunca a embarazo. Si se produce el embarazo es porque, después de todo, ella también lo andaba buscando. Si no, lo habría apagado todo. Shut down… you know? the whole thing.
—¿Apagar el qué?
—El útero… y lo demás. La cosa esa… entera, femenina. Yo lo tengo comprobado. Cuando una mujer se hace la que no quiere, al principio cuesta más. Porque está todo cerrado, claro. Pero después, aunque con lloriqueos, se abre y…
—Por favor, ahórrese los detalles.
—Además, toda buena persona sabe que sin Dios no hay concepción. Y Dios no dejaría que violasen a una buena persona. Si embarazo entonces Dios y si Dios, no violación. Es de cajón.
—Ahora ya lo tengo todo mucho más claro, señor Akin.
—Nunca está de más un poco de educación sexual, ¿eh?, ¡jajaja!
—Por favor, no me to-que.

(Esta entrevista es pura ficción, cualquier parecido con la realidad sería políticamente inconveniente. Y sí, somos fans de Mi mesa cojea)