Rumbo al Ártico

(Esta anotación se publica simultáneamente en Amazings.es)

Me embarco de nuevo. Solo que esta vez, tengo bien claro lo que debo meter en la maleta. Nada de bikinis ni botas de punta de acero: más bien forros polares, un buen plumas y ¡hasta bragas de punto si hacen falta! Y es que, señores, esta vez: ¡me voy a recorrer el Ártico!

Desde este domingo, 22 de mayo y hasta el 1 de junio, he sido invitada por el CSIC para participar en una nueva expedición de investigación oceanográfica llamada Arctic Tipping Points a bordo del buque noruego Jan Mayen. Mi cometido: escribir un blog a bordo que podréis leer diariamente en Quo y compartir, como no, mi experiencia con los lectores de Amazings.

Arctic Tipping Points es un proyecto internacional, financiado por la Unión Europea y dirigido por Carlos Duarte del CSIC y Paul Wassmann de la Universidad de Tromso (Noruega). Los científicos de ATP llevan ya dos años explorando el Océano Glacial Ártico en busca de los síntomas provocados por el cambio global. Para ello recogen muestras de agua, distintos organismos y hielo de varios siglos de antigüedad. Su objetivo es identificar aquellos elementos del ecosistema susceptibles de sufrir cambios bruscos a causa de este fenómeno en los próximos años («tipping point» se podría traducir como «punto de inflexión» o «punto de no retorno»). Como dice Carlos Duarte: “el Ártico es la zona del planeta que más rápido se está calentando, tres veces por encima del promedio de calentamiento del resto del planeta”. De hecho, se piensa que en un par de décadas, este gran océano podría quedar libre de hielo en verano, un hecho sin precedentes y francamente preocupante. Por todo ello, el entorno del Polo Norte se ha convertido también en un polo científico. Es precisamente aquí donde primero y más claramente se están manifestando los cambios derivados del calentamiento global, de forma abrupta e irreversible en muchos casos. Como afirma Paul Wassmann, coordinador de ATP: “las regiones polares del planeta ya no son la última frontera, sino que son las trincheras de la lucha contra el cambio climático”.

Durante 10 días, acompañaré a investigadores, periodistas y marinos en una travesía hacia una de las zonas más inexploradas y deshabitadas del planeta: la tierra del Sol de Medianoche, el reino de los osos polares; el casquete polar Ártico. Nuestra expedición partirá de Longyearbyen en el archipiélago noruego Svalbard, a 78º Norte. Desde allí, recorreremos varios glaciares, fiordos y diversos centros de investigación de la isla Spitsbergen para finalmente alejarnos hacia el Oeste, hasta la zona de hielo marginal del Estrecho de Fram (al este de Groenlandia), y hacia el norte y noreste de Svalbard. El día 31 de Mayo regresamos a Longyearbyen, donde pasaré un par de noches más en la zona de acampada más cercana al Polo Norte del planeta. A través de una cámara de fotos y mi cuaderno de bitácora (nunca mejor) intentaré desentrañar para vosotros todos los entresijos de la investigación oceanográfica más puntera, os hablaré de los nuevos descubrimientos, de los días sin noche, de las aguas salpicadas de icebergs y de los horizontes fundidos en blanco.

Promete ser, en fin, una experiencia inolvidable que os invito a seguir muy de cerca. Podéis encontrar más información sobre el proyecto en la página oficial de Arctic Tipping Points y os recomiendo muy especialmente echarle un vistazo al libro que lleva su nombre: un documento ameno y fácil de leer, plagado de fotos impresionantes y construido a partir de breves artículos escritos por distintos participantes en el proyecto, desde científicos a periodistas y artistas. Además, el libro se puede descargar gratuitamente enformato pdf en la página web de BBVA. Está escrito en inglés, eso sí.

Estoy deseando compartir con todos esta nueva aventura. ¡No os perdáis el blog!

Un péndulo haciendo la ola

Galileo Galilei ya observó que el periodo de un péndulo no dependía de la amplitud de su movimiento (al menos cuando se trata de pequeñas oscilaciones), pero sí de la longitud del hilo. Bien, ¿qué sucede entonces si se colocan varios péndulos cuya longitud se incrementa progresivamente? Pues que ¡hacen la ola! La diferencia entre sus recorridos se va incrementando en cada nueva oscilación dando lugar a patrones realmente curiosos. Finalmente, los péndulos vuelven a coincidir en lo que sería el «mínimo común múltiplo» de sus frecuencias. No os perdáis el vídeo.

(Vía: haha.nu)

Me han contado que…

El plural de «anécdota» no es «datos».

(Ben Goldacre, psiquiatra y divulgador científico inglés, en su libro Mala ciencia)

Problema número 7 de El País

Como muchos sabréis, El País está publicando una serie de problemas de Matemáticas e invita a sus lectores a resolverlos. Es un buen entretenimiento para el fin de semana, los problemas resultan muy accesibles y entre los acertantes se sortea cada semana una colección de libros de matemáticas por la que merece la pena enviar las respuestas. Además, a veces publican problemas… realmente curiosos. No es el caso el de esta semana: el problema del piano me ha parecido más bien trivial y en el mismo vídeo queda prácticamente resuelto. Sin embargo, me he quedado con la mosca detrás de la oreja y he empezado a calcular cuántas teclas blancas tendría ese piano en realidad (dicen en El País que alrededor de 24 millones). Me parece una pregunta mucho más interesante. ¿Os pica también a vosotros?

De cómo combatir la pseudocosa y el pensamiento mágico

Una de las capacidades más bonitas —y más peligrosas si se desboca también— del ser humano es la de imaginar. Imaginar es inmediato, sencillo y barato; no requiere elementos externos, no tiene límites. Simplemente surge, incluso cuando dormimos, de manera más o menos automática. Esto nos abre un abanico tan amplio de posibilidades que, estadísticamente, es inevitable que surja un buen puñado de ideas inmediatas, sencillas, que por su atractivo se propagan de forma vírica y que, de nuevo por pura estadística, probablemente no se corresponden con la realidad.

Pero si albergamos una cualidad más valiosa todavía, esa es la del pensamiento racional, el pensamiento crítico. Esta herramienta, a diferencia de la anterior, cuesta, requiere esfuerzo y tiene grandes limitaciones que hay que ir salvando al ir incorporando la realidad que nos rodea. Supone la gran criba del abanico de ideas que nos regala la imaginación, y nos sirve para incrementar notoriamente la probabilidad de que una de esas ideas se corresponda efectivamente con nuestro entorno, hasta el extremo, si es posible, de quedarnos con una sola de ellas. QED.

Son dos formas de conocer el mundo. Una consiste en quedarse sentado en la butaca mirando un espectáculo de marionetas que bailan mágicamente sobre una cortinilla y hacer cábalas sobre la naturaleza de esos extraños seres. La otra consiste en levantarse de la butaca, tirar de la cortinilla y ver qué diablos hay ahí detrás. De nuevo, la primera es la más cómoda. La segunda, en cambio, requiere esfuerzo, recursos y una metodología; aun así, tiene una clara ventaja: unos cuantos pueden tirar de la cortinilla y los demás contemplar el resultado. El problema viene cuando el resto de la sala se ensimisma y mira hacia otro lado en el momento en que esto se produce.

El hecho es que, continuando con la metáfora del teatro, incentivar a que la gente mire, se interese, se acerque e incluso participe tirando de la cortinilla no es tarea fácil. Entre los escépticos surge a menudo cierta discusión y polémica a este respecto. ¿Cómo combatir algo tan fértil e inmediato como el pensamiento mágico con algo tan efectivo pero a la vez tan lento y tan complejo como la ciencia? A partir de esa cuestión, diversidad de opiniones. Hay quien aboga por la sátira, la mofa, la befa y el ridículo como herramientas igual de inmediatas que lo que se pretende combatir; otros prefieren las buenas palabras y las largas explicaciones; y, entre medias, mil matices aderezados con mayor o menor rigor científico. Yo entiendo que todas las formas de comunicación juegan su papel: tienen su momento y su lugar, y a su manera son necesarias e indispensables.

En un primer escalafón en cuanto a rigor y metodología se encuentran los científicos, que son en última instancia los generadores de conocimiento y los que mueven ese gran rodillo que es la ciencia. Una segunda capa se nutre de la anterior, digiere la información, y se la ofrece a un público más amplio y menos especializado. La conocemos como divulgación científica, y posee tantos niveles como grados de digestión dependiendo de a cuánto público se pretenda llegar. Luego se plasma en libros, documentales, revistas, blogs, y un largo etcétera. Pero, por último, ¿qué hacemos en la comunicación de lo inmediato? ¿Qué hacemos en esos dos minutos de aparición radiofónica, en esos diez minutos de entrevista televisiva? ¿Cómo llegamos a un público cuya única pretensión es un poco de distracción?

Esa es la papeleta que le tocó jugar a Javier Armentia anoche en el programa de Buenafuente. Ardua tarea: resumir una colección de libros tan extensa en contenido como ¡Vaya timo! en apenas unos minutos de un show humorístico. Por eso mismo, quizás lo más útil y efectivo es precisamente lo que consiguió hacer: repetir una y otra vez entrelazadas con las escuetas explicaciones que permite el formato frases como «es mentira», «es un timo», «nos están engañando», «no hay pruebas», «no funciona», etc., de manera directa y diáfana, de forma que estas queden inequívocamente adheridas en la mente del espectador a términos como «bruja», «tarot», «homeopatía», «religión», «psicoanálisis», etc.

Estoy convencido de que este método, por lo menos, consigue que el espectador dirija la mirada hacia esas marionetas ya desnudas, y tal vez mañana, quien sabe, incluso se anime a levantarse de la butaca y acercarse hasta el escenario.