Sobre ética farmacéutica

(Esta anotación se publica simultáneamente en Naukas)

Pongámonos en situación. Una persona sale del médico con sus recetas y un dolor de muelas de los que no dejan dormir (quien dice dolor de muelas, dice cualquier tipo de infección bacteriana que conlleve dolor, mucho dolor). El susodicho encara hacia la farmacia con unas ganas terribles de irse a su casa y tomarse el siguiente chute de ibuprofeno, que tocaba hace una hora pero que no se ha tomado porque estaba en la consulta. En esto que le toca el vendedor con título de Farmacia de turno y le «aconseja» (con veinte comillas): «Mira, este antibiótico es muy fuerte [estamos hablando de amoxicilina], por lo que te va a bajar mucho las defensas y te va a dar diarrea. Yo te aconsejo que te tomes también esto». Redoble de tambores.

«Para favorecer las fisiológicas defensas inmunitarias». Esto lo ha escrito el maestro Yoda.

¿Resultado? El pobre sujeto ni mira lo que compra, se fía del señor serio de bata blanca que hay tras el mostrador; así que venga, padentro que hay prisa por ir a gimotear a otra parte. Así que, mediante mentiras, le acaban de endosar una gran mierda pinchada en un palo por el módico precio de 14,5 euros: un puto complemento dietético.

Sí, me ha pasado hoy a mí, y efectivamente, cuando me pongo malito me vuelvo automáticamente gilipollas, como cualquier hijo de vecino. Por lo menos, dentro de lo que cabe, yo soy un tipo escéptico, y una vez en casa, me he puesto por fin a mirar qué cojones había comprado. Y han saltado todas las alarmas de las dos neuronas que todavía funcionaban. Y he preguntado y me he informado, para llegar a finalmente a la poco agradable conclusión de que me la habían metido doblada. Por lo menos, dentro de lo que cabe, he vuelto allí, me he despachado a gusto y me han devuelto el dinero.

Ahora imaginaos cuántas personas entran allí (aquí, por cierto, una farmacia que está justo al salir de un consultorio médico) y no se hacen tantas preguntas, ni siquiera a posteriori; simplemente se fían de que el señor de bata blanca que hay tras el mostrador está velando por su salud. Multiplicad por 14,5 euros. No voy a preguntar si es ético que esto suceda, porque tengo muy claro que no lo es. Voy a preguntar, en su lugar, ¿es ético que se permita que esto suceda? ¿Es ético que esto no sea denunciable? ¿Es ético, siquiera, que se venda en una farmacia algo que no es un medicamento?

Golpe de gracia al Pamplonetario

Lo comentaba ayer por Twitter haciendo referencia a las cuentas del Departamento de Educación del Gobierno de Navarra (@NAVeduca) y del Consejero de Educación, José Iribas (@jiribas):

De los 564 000 euros que recibía el Planetario de Pamplona como subvención, se han quedado unos míseros 50 000 según cifras de la filtración en el diario local: podrían ser menos.

Nadie se ha dado por aludido.

Por qué las estrellas titilan y los planetas no

Miramos al cielo en una noche oscura y vemos montones de puntitos brillantes en el cielo, unos titilan y otros no. Muchos conoceréis la regla básica para distinguirlos: si titila, es una estrella; si no, planeta. Pero el hecho es que titilar no es una propiedad intrínseca de «ser estrella» o «no ser planeta». Hay planetas que titilan, aunque probablemente no lleguemos a verlos a simple vista, y hay estrellas que no lo hacen; concretamente una: el Sol.

Entonces, ¿por qué titilan todas las demás estrellas? ¿Por qué no titilan los planetas (al menos los que vemos a simple vista, como Júpiter, Marte, Venus y Saturno)? En definitiva, ¿por qué nos sirve esa sencilla regla para identificar planetas? ¿Nos serviría igual en Marte, por ejemplo? Nos lo cuenta Francis en Por qué las estrellas no titilan en Marte. Aunque os haya destapado un poco el misterio con el título del artículo de Francis, la explicación subyacente no deja de ser apasionante.

Resumiendo, las capas altas de la atmósfera de la Tierra sufren variaciones de temperatura, lo que se traduce en variaciones en el índice de refracción. El aire en esas capas se comporta entonces, de cara a la luz que llega, como una sopa de pequeñísimas lentes en constante movimiento, enfocando la luz en diferentes direcciones. Además, se produce la condición necesaria de que la frecuencia de esas variaciones es lo suficientemente «lenta» para que nuestro ojo sea capaz de apreciarlas. En este contexto, las estrellas (quitando el Sol) son objetos con un tamaño aparente menor que el de estas «lentes», y por tanto su luz viene y va con el movimiento de las mismas: las vemos titilar. Júpiter, Marte, etc., en cambio, tienen un tamaño aparente mayor, por lo que los efectos se compensan entre varias lentes y vemos una intensidad de luz más o menos constante.

Así pues, planetas con tamaño aparente del orden de una lente o más pequeños sí titilan (se puede comprobar con un telescopio). Para más detalles, me remito al artículo de Francis y al artículo técnico (que enlaza Francis al final de su entrada). Y aunque no titile por su tamaño, todo el que haya tenido la oportunidad de ver Júpiter en un telescopio habrá apreciado la acción de la atmósfera en la luz que llega, especialmente cuando se encuentra cerca del horizonte.

Todo esto nos lleva a preguntarnos si las estrellas también titilan en Marte. La respuesta ya la sabemos aunque no hayamos estado allí: no lo hacen. Y la explicación está en que su atmósfera no reúne las características adecuadas para que se produzca este efecto.

Los objetos en el espejo

Traduzco (con enlace explicativo para los despistados):

Los objetos son más azules de lo que parecen en el espejo (el coche de Edwin Hubble).

Fantástica viñeta del creador de xkcd, que sigue su particular Ley de Moore frikihumorística.

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